Después de verse, dice #Franco, a ver, después de atravesar ese momento en que uno, yo, vos, cualquiera digamos, se da cuenta y a ver, siente que se encontró, que se vio digamos, sin importar la forma, dice, uno siente que vio algo de su propia verdad (llamemos en un general a eso que buscamos con el nombre de verdad y avancemos), digo yo, dice Franco, entonces, después de verse y en cierta medida aceptar que ahí, en eso que apareció está uno, estoy yo, o vos, qué sé yo y que sí, es verdad eso, que más o menos por ahí anda uno con su cabeza, con casi todo su cuerpo y lo siente y lo asiente, así, ahí, a partir de ahí, digo yo, dice Franco, ¿qué hace uno? Porque, siendo sincero, yo hace rato que me vi, que me dije y hasta le dije al mundo sí, el mundo, bueh, exclama expandiéndose aquí Franco, el entorno, la periferia que rodea y construye el centro, ese mundo, esa gente que uno circunda y que lo circunda a uno, gente pasajera y turistas de uno, toda esa gente digamos, dice Franco, ya sabe que yo en algún punto me, digamos, saqué una careta y lo dije. Careta suena horrible pero no hay otra y la pregunta persiste. Es como si a partir de ahora quisiera, desea Franco, de apellido Exacto, de algún modo, que el azar sea más poderoso que antes. La palabra azar y poderoso se le caen de golpe, no las piensa, las tiene adentro Franco, que vio un destello verdad y dice que habiendo firmado la contraprestación, en un decir, uno espera que el azar le regale a uno el acto seguido, el vecino de junto. Uno pide ayuda en lugar de prender un cigarrillo. Esto Franco se lo dice al otro, promediando la hora seis, después de escuchar sin entender las palabras del otro, que no importa por ahora y que le habló de vidas que vuelven y vidas construías al pedo o que valen lo mismo que dura una vela encendida. El valor es algo relativo, así como la duración en estas cuestiones, las dos, son materia ilegible, como el amor. Pero Franco, de apellido Exacto, como dije, tan poco interesado en la vida de los otros y que siempre escucha todo como si el ritmo sufriese una arritmia, un golpeteo menor y ajeno, ahí, después de escuchar el desarcorde, intentó abrir la boca y contestar. Lo hizo y ahora hay un silencio repentino, incómodo como el calor. Hasta hace un rato alguien iba a morir en #FrancoExacto. Ahora está esperando una sonrisa.
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